Hoy celebra la vida y agradece a Dios.
Ana Luisa ya está en casa. No pudo abrazar a su madre y a sus hijos, pues perdió ambas manos, pero fue abrazada por ellos. Cuando creyó que el final había llegado, realmente fue el principio de una nueva historia llena de amor, de esperanza y de fe. Hoy celebra la vida y agradece a Dios por la familia que le ha dado: su motor, su razón de vivir.
No duda ni un solo segundo al afirmar "es un milagro de Dios que yo esté viva". Lo dice sentada en el sillón de la sala de su casa, en Cintalapa de Figueroa, Chiapas. Sobre la pared hay una imagen de la virgen de Guadalupe colgada. Son una familia de fe, pero esa fe en algún momento fue pequeña, se tambaleó; sin embargo, tras lo ocurrido, hoy la fe está fortalecida, bien cimentada... no la mueve nada ni nadie.
Ana no quiere acordarse de ese momento 4troz del 13 de abril del presente año, cuando quien debía amarla y protegerla le propinó varios m4chet4zos en la cabeza. Ella, por instinto de sobrevivencia metió las manos, pero también fue l3sion4da.
Debido a las heridas, los médicos tuvieron que amputarle ambas extremidades. Ana Luisa reconoce que en esos momentos creyó que el final había llegado, la mu3rte se veía inminente.
Pablo Ruiz no tuvo misericordia, no pensó un solo momento ni en sus hijos ni en su esposa. Intentaba quitarle la v1da, y por poco lo consigue.
Los pensamientos de Ana Luisa fueron dirigidos hacia sus hijos, especialmente al bebé, a su varón, el más chico que le suplicaba entre llantos "mami te amo, por favor no me dejes". "Y me aferré a ese milagro, clamé con fe y esperanza; le pedí a Dios que me ayudara y fue él quien me sostuvo esa tarde para que no muriera", dice Ana Luisa.
Como una mujer de fe y como sobreviviente de esta terrible vi0l3ncia, no le guarda rencor ni le desea m4l a Pablo, solo pide que se haga justicia. "De mi parte no le deseo m4l", dice un poco seria.
Alejandra Cruz, madre de Ana Luisa, dice aún no entender qué llevó a Pablo a cometer esta cru3l 4gr3sión contra su hija, al grado de querer m4t4rla. Aunque por un momento, como la misma Ana Luisa, como varios, temió lo peor. Ahora Alejandra está feliz. Se acerca el 10 de mayo y su mejor regalo por el día de las madres, adelantado, es ver a su hija viva y de regreso a casa.
Le faltan ambas manos, pero eso no impedirá que ella haga su vida normal. Ana es una mujer emprendedora. Unas prótesis le ayudarían a recuperar su vida normal.
Y es que Ana Luisa practicaba crossfit, tiene una pequeña tiendita, manejabq moto, pero lo que más anhela es poder apoyar a sus dos princesas, a quienes quiere peinar y seguir trenzándoles el cabello.
El caso de Ana conmovió a miles, no solo en Chiapas, sino también en todo México. La gente abrigaba la esperanza de que algún artista o compañía transnacional apoyara con unas prótesis, pero ninguno atendió el llamado.
Fue una modesta empresa de prótesis con una visión filantrópica, la que levantó la mano. Se llama Ortopedia del Niño y del Diabético.
Ellos, cada año realizan una importante donación de prótesis a personas que lo necesitan. Y aunque este año ya habían realizado su donativo correspondiente, el caso de Ana Luisa fue tan conmovedor que este negocio local, ubicado en Tuxtla Gutiérrez, decidió contactarla y apoyarla con sus prótesis, lo que significa una nueva oportunidad para esta mujer.
Lo más sorprendente de todo es que el negocio Ortopedia del Niño y del Diabético ni siquiera presume en redes sociales este acto de bondad y amor por el prójimo. Sus seguidores apenas Son como 300, no ayudan con fines publicitarios o de mercadotecnia. Gracias. Los ángeles en la Tierra sí existen.
Sin duda Ana Luisa es un testimonio viviente de que los milagros existen, de que la fe no es utopía, que la esperanza no es un espejismo, y que como el ave fénix se puede resurgir de entre las cenizas. Ella es un ejemplo claro de resiliencia, de que sí se puede, de que no todo está perdido... Que se puede volver a empezar.

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