Nunca te rindas ni pierdas la fe

Erasto sobrevivió milagrosamente. 



“Nunca perdí la fe, porque todos esos días estuve orando y pidiéndole a Dios que alguien llegara por mí.”


Así cuenta Erasto cómo logró mantenerse durante todos esos días, después de quedar atrapado cuando entró a pescar, como ya lo había hecho otras veces.



Ese día vio un robalo, lanzó el arpón y lo siguió varios metros hacia adentro. Pero cuando quiso regresar, por más que buscaba, ya no encontraba la salida.


Todo esto ha ocurrido en un cenote de San Francisco La Paz, entre Oaxaca y Veracruz, donde Erasto quedó atrapado desde aquel 23 de julio.


Su lámpara dejó de funcionar y quedó completamente a oscuras. Encontró una parte con aire, rodeada de piedra y lodo. No tenía nada para comer y lo único que podía tomar era el agua de un manantial que estaba cerca.



Ahí perdió por completo la noción del tiempo. No sabía si afuera era de día o de noche, pero cuenta que nunca dejó de orar y de confiar en que alguien llegaría hasta donde estaba.


Hasta que el 7 de agosto, mientras oraba, escuchó unas burbujas y después vio una luz. De pronto escuchó: “¿Hay alguien ahí?”


“Sí, aquí estoy”, respondió.


Eran los buzos que finalmente habían llegado por él.


Cuando le dijeron que habían pasado 15 días, Erasto no podía creerlo. Para él habían sido apenas unos tres.


Y cuando finalmente salió y volvió a ver la luz del día, entre toda la gente que lo esperaba vio a su mamá en primera fila. Cuenta que verla ahí le dio un alivio enorme después de todo lo que había vivido.



Quince días completamente a oscuras, sin comida y aferrándose a su fe. Hoy Erasto está recuperándose al lado de su familia y agradeció a todas las personas que oraron por él.


Nunca te rindas ni pierdas la fe. 


(Via: Carlos Santos)

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