ZooMAT, encanto y decepción

La sensación del momento, el Águila Arpía, hace olvidar la molestia por encierros vacíos.





"Vamos a ver si es verdad su mentira", dijo Felipe. Su esposa y sus cuatro hijos se alistaron para ir al zoológico Miguel Álvarez del Toro, donde, se dijo, hubo remodelaciones. Si bien varios encierros estaban vacíos, ver al Águila  Arpía y algunos pequeños cambios, les hizo olvidar todo lo demás. 


Llegaron temprano, aún así el estacionamiento estaba llenísimo. Con mucha dificultad encontraron un espacio para dejar su vehículo. 




Pocos se detenían a tomarse la foto junto al jaguar monumental, la mayoría tenía prisa por entrar para apartar lugar en las mesas del comedor. La familia de Felipe llevaba su comida, pero olvidó comprar refresco. "Allá adentro venden", pensaron. Se equivocaron. No encontraron mesa, tampoco venta de refrescos embotellados. Sólo aguas frescas servidas en vaso.


La entrada del cocodrilario se ve diferente, primer cambio visible. También encontraron un pequeño estanque donde un caimán por fin fue visto en lento movimiento. 



Les llamó la atención que un par de cocodrilos tuviera una guarida construida en un muro de tierra, dentro del área de su estanque. 


Al entrar a la casa nocturna el mayor atractivo fue ver la cría de una zorrita gris. "Prohibido tomar fotos o grabar con luces", les dijeron desde la entrada.




La fachada del museo zoológico César Domínguez luce diferente, con una imagen de un Águila Arpía. Un trabajador del ZooMAT colocaba huellitas de jaguar en el brazo o en las mejillas a los niños y niñas que así lo quisieran.


La familia de Felipe se quedó helada al escuchar la amplia explicación que la trabajadora del ZooMAT les dio respecto a las víboras venenosas, como coral, nauyaca, entre otras.




A la entrada del museo hay una simulación de nido de Águila Arpía. Ya dentro, un enorme cocodrilo disecado es la sensación, donde los visitantes pueden tomar fotos, sin tocar.


Para algunos es novedoso, aunque ya no lo es tanto para otros, que dentro del museo citado hay un espacio adecuado para un par de nutrias, que esta vez estaban dándose calor mutuamente, fuera del agua, abrazados. También dentro del mismo museo hay un par de quetzales vivos.



La clásica exhibición del Águila Arpía disecada cazando un mono. La mayoría esperaba el momento de ver al espécimen vivo. 


Y saltándose algunos encierros, como el de monos, coyotes y otras aves, la mayoría llegaba al lugar esperado: el encierro del Aguila Arpía, la misma que costó 33 millones de pesos, y que por hoy es la sensación del ZooMAT. Pocos tuvieron la dicha de verla volar, permanecía sobre una rama, observando detenidamente a los visitantes.



El cambio más visible fue en algunos encierros donde se sustituyó parte de la malla con un amplio cristal que permite mejor visibilidad de algunas especies, como el puma, el jaguar y algunas aves.


Panchito, un tapir que está en recuperación y está en un encierro aparte, casi no se dejaba ver. De repente se escuchó un grito "¡un capibara, un capibara!, exclamó un niño. Era un guaqueque que caminaba por los andadores, libremente.



Llamó la atención ver los cambios en el encierro del jaguar negro, también con mejores cristales, incluso con un cuerpo de agua que le da más naturalidad al lugar. 


Muy imperceptible para la mayoría y causa de risa o asombro para unos pocos, fue ver el hotel para abejas nativas. También el cambio notable y que muchos agradecieron (aunque pocos comprobaron), fue la remodelación de los baños. 



La entrada y salida temporal fueron ubicadas en una nueva ruta. 


Tristes y hasta molestos reaccionaron tanto la familia de Felipe como otros, al ver varios encierros vacíos, como el ya clásico de venado cola blanca; no había uno solo, "se los están comiendo", dijo la mayoría.




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