* Con una escena fuerte de celos infundados se avivó la discusión entre una pareja debido al dinero que no alcanza como antes.
- ¡Vos me tas engaƱando, tenĆ©s querido!
Exclamó airado José Raúl cuando su mujer Amairani le pidió mÔs dinero.
- No me alcanzó viejo, me da pena, pero ya no tengo nada.
La mujer agachada, no se atrevĆa a ver a su esposo, previendo su airada reacción. Y asĆ fue.
- Ya ves, ni me miras a la cara porque escondƩs algo. Vos tenƩs amante y le tas dando paga, por eso no te alcanza lo que te doy.
Amairani comenzó a llorar. Le dolĆa que su esposo la ofendiera de este modo sólo por pedirle mĆ”s dinero. Caminó lentamente al bote de basura, hurgó entre los desechos y sacó un ticket de compra.
- Mira Pepe, checa con tus propios ojos. Todo subió. Ya no alcanza con lo mismo que me das.
"El cono de huevo estaba a 50, subió a 65 pesos. El paquete de papel higiénico de 32 piezas, el mÔs económico de 89 subió a 120 pesos. El litro de aceite, de 38 estÔ a 47 pesos.
En el mercado, el kilo de quesillo subió de 85 a 120 pesos. El guineo de 7 a 12 pesos. La mandarina de 15 a 25 pesos. La coliflor de 20 a 30 pesos. El limón ya no te digo y tú que me exiges limonada, ya ni gracia".
JosĆ© RaĆŗl miraba en silencio a su esposa que, llorando y con la mano temblorosa por el coraje reprimido, le sacudĆa el ticket.
- MĆralo, mĆralo, sal de dudas. No tienes derecho a lastimarme con tus celos.
Ahora el que permanecĆa agachado era JosĆ© RaĆŗl, apenado por haber herido emocionalmente a su esposa.
Amairani continuó.
- En el gimnasio subieron el doble, de 250 a 400 pesos la mensualidad. Y donde si se pasaron fue en la estética con el tinte de pelo y los rayitos. Estaba en 600 y subió a mil 500 pesos.
- ¡¿QuĆ© cosa?! Madre mĆa. Ahora comelo tu pelo. SĆ serĆ”s de... ¡Como fregados gastaste tanto!
Amairani, que ya comenzaba a calmarse un poco, volvió a llorar con mÔs fuerza. José Raúl intentó abofetearla.
- Cómo eres Pepe. Voy al gimnasio para tener bonito cuerpo, para gustarte. Me pinto el pelo por ti, para que no andes viendo otras viejas allÔ afuera. No se vale.
JosĆ© RaĆŗl, cabizbajo, se tomó el rostro entre manos. QuerĆa llorar. Se aguantaba. De repente ocurrió lo inesperado. Amairani le "volteó la tortilla".
- Bueno y a todo esto, ¿por quĆ© no me das mĆ”s dinero? ¿Tuviste aumento de sueldo, no? ¿No serĆ” que el que tiene amante eres tĆŗ??¿QuĆ© haces con lo que te queda?
Ahora fue José Raúl quien tuvo que dar explicaciones. Sacó su talón de cobro.
- Mira, 12 pesos diarios es mi aumento.
Y siguió: "Se descompuso el auto, las piezas y la mano de obra subieron. Hasta el que me corta el pelo le subió. No sé qué voy hacer. Ya no me alcanza. Antes ganaba menos, pero alcanzaba mÔs, no sé qué pasa".
La pareja se tomó de las manos, se pidieron perdón y tras hacer cuentas, cayeron en la cuenta que la tercera en discordia se llama... Inflación. Ella estÔ matando al poder adquisitivo. Ella estÔ acabando con relaciones laborales y familiares.
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